viernes, 21 de agosto de 2009

Introducción

Crucero de Villanueva de Yerri sobre los escenarios de la batalla (Foto propia)
Valle de Guesalaz desde el crucero de Villanueva (Foto propia)


La Merindad de las Tierras de Estella

 
Hay entornos en Navarra de gran belleza como el valle de Baztán,  de ámbito legendario como el de Roncesvalles e histórico como el de la Merindad de Tierra Estella. Hacia finales del siglo XIII, la Merindad se dividía en diez valles -jurisdicciones territoriales equivalentes a los municipios actuales, entre los que sobresalían La Berroza y Deierri, que se habían formado por la partición del antiguo País de Deio o Terram Degense, los cuales a su vez se dividieron en otros valles menores en los que procuró respetarse la topografía demarcadora. Aquellos valles se convirtieron en aglutinantes de pueblos y gentes con derechos y prerrogativas.

Aquí interesa resaltar la trayectoria que siguió Deierri, el topónimo primigenio que figura en el Fuero Antiguo de Navarra, el cual fue alterado por el Príncipe de Viana en su "Crónica de los Reyes de Navarra", creyendo que había un error en su grafía: "E llámese la antigua Navarra estas tierras, a saber: las Cinco Villas de Goñi, de Yerri, Valdelana, Amescoa, Valdegabol, Campezo e la Berrueza e Ocharan". Su corrección creó una preposición “de” que no había, con lo cual creaba a su vez u  nuevo topónimo: "Ierri" o "Yerri". El juego de palabras y los parecidos semánticos llevaron en el siglo XIX al archivero general José Yanguas y Miranda a volver sobre las palabras del Príncipe Carlos y deducir no sin asombro que "tomando la voz nava y uniéndola a Yerri podría haberse llamado Navaerri al valle de Yerri, y después, por contracción, Navaerri, para llegar finalmente a Navarra". Julio Caro Baroja tomó también en consideración que la misteriosa "Navarra vieja" de que hablaba el Príncipe era "una verdadera unidad geográfica; un país que por el norte termina con el tajo inmenso de las sierras de Urbasa y Andía".

El municipio actual de Yerri está formado por 19 concejos con capital en Arizala. Hasta el siglo XV era mucho mayor, pero por razones administrativas se decidió partir el territorio por la mitad, siguiendo el curso del río Ubagua, con lo que había surgido un nuevo municipio, Guesalaz (Salado) con 15 concejos con capital, primero en Viguria y hoy en Muez. Desde entonces, la población, superadas las grandes pestes bubónicas de los años 1348, 1362 y 1599, encontró la  estabilidad y la prosperidad que habría de traer cambios notorios en sus pueblos, ganando más espacios habitables, agrícolas y forestales. Las viejas iglesias románicas de los siglos XI y XII, pesadas, angostas y oscuras, fueron sustituidas por las más esbeltas y luminosas góticas, pero conservando portadas y ábsides. Las que aún subsisten con el viejo estilo se debió al temprano abandono de sus vecinos, cual Ciriza de Yerri, cuya iglesia es ermita de Santa Catalina; otros lugares como Burumendi, Opaco, Zurbano o Erendazu desaparecieron enteramente sin dejar rastro, diezmados por las pestes, absorbidos por los pueblos limítrofes más ricos o porque entraron a formar parte de otros de nuevo cuño, como Villanueva de Yerri.

La vida de los valles de Guesalaz y Yerri empezó a arrancar con los primeros asentamientos romanos, dedicados a la agricultura, a la ganadería y al cuidado de los montes de Andía y Urbasa. Las primeras aldeas se fundaron mediante concesiones territoriales entre los más destacados soldados veteranos de las legiones que combatieron en la guerra contra los pueblos del norte peninsular, a finales del siglo I a.C. Aquello llevó a Caro Baroja a afirmar que los topónimos que acaban en "ano" y "ain" derivaban del nombre de sus propietarios, y entre los muchos casos por Navarra, cita tres referentes a los valles de Guesalaz y Yerri: Muniáin, que procedería de Munio; Grocin de Grotius y Arguiñano de Argeus.

Una vez que concluye la presencia romana, desde los siglos VI al VIII, es decir, hasta la invasión musulmana peninsular del 711, gran parte de Navarra y en particular, las aldeas de los valles, hubieron de soportar el acoso de reyes y magnates godos, que chocaban a menudo con los nativos vascones –los genuinos navarros- por no querer someterse al patrón unificador que pretendían. Pero los godos claudicaron en su dominio con la llegada de los musulmanes, cuya presencia en el Valle del Ebro, y por lo tanto, en toda Navarra, no se conoció hasta el verano del 714. La nueva situación iba provocar nuevos y trascendentes cambios. Muchos godos huyeron a otras regiones de la cornisa cantábrica; otros en cambio decidieron renegar de sus creencias y pretensiones políticas, sometiéndose a los nuevos años de la tierra para así conservar su poder.

Guesalaz y Yerri alcanzaron su trascendencia mayor en el siglo X (920) en cuanto escenario último de la primera y más destacada batalla de la Reconquista, que enfrentó a campo abierto a los tres personajes más poderosos en la península: el Emir de Al-Ándalus, Abderramán III, y los reyes de León, Ordoño II, y de Pamplona, Sancho Garcés I, fundador del reino. Nunca jamás volvieron a verse juntos. Los cronistas árabes la denominaron batalla de Muez por ignorar otros topónimos ya conocidos como Deio, y los cronistas cristianos la identificaron por batalla de Juncaria, o de Valdejunquera según el jesuita del siglo XVII José de Moret, al suponer que en un paraje con ese nombre acaeció lo más recio del combate, y aunque el topónimo desapareció de los valles, debió de existir entre los concejos de Muez, Irujo y Arguiñano.